De termos y otras cosas...

De termos y otras cosas...
De termos y otras cosas...
18 de Febrero de 2015

Moría de sueño y no, no literalmente. Mi cabeza se resbalaba de la mano que apoyaba en el escritorio y al fondo podía escuchar la voz de mi profesor que hablaba de la evolución de la historia a lo largo de los años. Era miércoles por la mañana ¿Quién en su sano juicio tomaría clases a las 7 de la mañana? definitivamente, esos éramos nosotros, los 30 alumnos de la clase de Historia. Hoy íbamos a hablar acerca de ¿La Segunda Guerra Mundial? ¡rayos! ni siquiera recordaba de qué íbamos a hablar hoy, lo único que recordaba era que al llegar, el profesor prendió el proyector, apagó las luces y empezó a hablar mientras mis ojos se cerraban entre diapositivas. La clase era de lo más aburrida, a mi lado mi mejor amiga se había quedado completamente dormida con la cabeza hacia atrás y me sorprendía que no le hubieran llamado la atención ya.

Estaba en alguna parte de mi sueño cuando mi cabeza volvió a caer de mi mano casi pegando en el escritorio y la levanté tan rápido que mis lentes cayeron al suelo. Discretamente me acomodé en el asiento mientras miraba alrededor esperando que nadie me hubiera visto, luego de unos segundos “poniendo atención” me agaché para levantar mis lentes. Cuando me estaba incorporando vi entreabierta mi mochila y algo metálico llamó mi atención, estiré la mano para sacar el objeto metálico y me sorprendí al sacar un termo, -¿Un termo?- pensé, mientras me colocaba los lentes y me acomodaba en mi asiento, mentalmente repasaba la mañana y no lograba recordar haber metido a mi mochila un termo, era mío, mi mamá me lo había regalado en Navidad porque sabía lo mucho que amaba el café por las mañanas así como lo tarde que siempre se me hacía para desayunar y pensó que era bueno que tuviera uno, rojo metálico, como mi cabello. Miré mi mochila y no había nada más, ni galletas ni un sándwich ni nada, entonces recordé que la noche pasada lo había dejado preparado porque sabía que se me haría tarde para la universidad y una sonrisa se me dibujó en el rostro ¡estaba salvada!.

Se sentía pesado y templado, rogaba que el café siguiera caliente porque sería lo único que podía despertarme así que abrí la tapa y serví el líquido en ella. En cuanto el líquido salió del termo me di cuenta que aún estaba caliente, un olor delicioso entre madera, canela y granos de café salió junto con un poco de vapor e inundó el ambiente en cuanto lo probé.

“¡Qué rico!” pensé o eso creí porque de pronto mis compañeros voltearon a verme, el profesor dejó de hablar y mi amiga se despertó.

-¿Tiene algo que comentar señorita Velázquez?- dijo el profesor desde el fondo del salón.
-No, nada profesor- repliqué mientras escuchaba las risas ahogadas de algunos compañeros.
-Bien, como les decía…- continuó el profesor y todos volvieron la vista a las diapositivas.

Sentía que mi cara se ponía roja y no sabía si era por la vergüenza o por lo cálido del café.

Realmente no recuerdo nada de lo que habló el profesor durante los primeros 40 minutos de clase, el café definitivamente me había ayudado a despertar y por lo menos pude dar un comentario decente al final la aburrida presentación gracias al dios de los termos (si es que existe uno) que mantuvo mi café caliente toda una noche.

Darha V Hdez

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